
Vago rumor y vago temblor de aquello que muda de apariencias. Parámetro entre parámetros (yo) que insiste en acomodar, en acomodarse. Situación y sinrazón del Sinsentido.
De la convicción de estar siendo al paisaje desierto de rostros, la marca indescifrable del ruido, la pasión descarnada y desprendida de todo en cuanto es, se conforma de repente de modo simultáneo y el ascenso no es del todo uniforme. El ascenso nunca se lleva a cabo de acuerdo a una regla. Lo dado al momento de aprehender el estado de aquella fugacidad es simplemente lo inabarcable, el mundo en sus estados. Ese impás de ser nosotros (yo), el único todavía, enfrentado a ese otro todo de manchas, de sonidos por donde vierte el mundo su apariencia de ser. El instante de atrapar como en una red lo inmediato y la cosidad, ese dejo de cosas que aún no llegan del todo a ser.
Alguna vez he querido dar cuenta de cuanto sucede en mi interior y al mismo tiempo de cifrar todo aquello que da forma a mi alrededor y que conforma el mundo. Siento que pertenezco a esa raza de individuos que han sido creados para algo, a la de aquellos que secreta y precisamente le ha sido asignada la específica tarea de vaya a saber qué, y aunque me cuesta comprender ese para qué, ya no dibujo universos en las líneas de la tierra. Ahora vuelco como en esos viejos recetarios la imagen malograda de los datos que me son dados compilar. Como la suma de todo aquello diferente a mí, pero sin mí, olvidado; como el todo de la experiencia que armo cuando vivo, la de cada día y la de cada paso (situación de padecer el mundo). Porque la construcción se lleva a cabo de forma continua y siempre cercana.
Cada nuevo acceso a esas impresiones es captado y acomodado a estructuras previas. Pero cuando acerco mi cotidiano rostro al mundo que se brinda entre mudanzas sólo veo instantaneidades, colores vagos y formas efímeras que duran espacios breves de mi mismo tiempo. Y como pasajero de esos cuadros imposibles voy armando con esos pedazos, realidades.
No se da la situación de esperarlo y someterlo a normas, a moldes. Lo que hago es cubrirme de parámetros y posicionarme detrás de sus efectos capturándolo en sus instancias menores.
Rumor de aquello en lo que estamos, temblor de lo incapturable. Saludo a su voluptuosidad sujeto a ella. Aproximo mi circunspección a la de él, sujeto entre esas formas mi situación y cuando quiero atrapar alguno de sus pedazos, alguna imagen entera, el mundo se evade y se fragmenta, se desarma en veinte, en mil pedazos.
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Lo que nos llena de estupor y desconcierto es justamente ese saber que nunca sabremos nada. La impotencia que sentimos después de cada esfuerzo por comprender la inagotable maquinaria del universo, y su porqué nos puso en marcha o nos dio aliento.
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A mi se me antoja el mundo a cada paso, garabateado por las usuras que voy queriendo imprimir y modificar en él. Los trazos mal trazados por mi mano aparentando luminosidad, colores varios que convino a mi manera de hacer la realidad.
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La particularidad de mi visión es que me permite inventar, dar forma a todo un entramado de actores y de roles en disposición de hacer lo que yo quiera. (Quizá el arte permita eso). La autonomía de jugar y de crear. La victoria de subirnos a ese pedestal desde el que vemos e interpretamos al mundo según nos parezca y según lo queramos.
Como si fuésemos música que suena por sonar en el instrumento de algún viajero harto de parajes y de gentes, nos vamos perdiendo silenciosos, o tapándonos de ruido. Lo que resta es nuestra incomprensión.
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